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lunes, 29 de julio de 2013

El Convento de Santo Domingo acoge la exposición "A través del cristal"

El concepto de intimidad, lo privado, la mirada a través de un cristal de una ventana, de una mirilla, de una cámara, sirven de eje conductor a la exposición inaugurada el pasado 12 de julio en el Convento de Santo Domingo y que permanecerá abierta hasta finales de agosto. “A través del cristal” es el diálogo de las obras de varios artistas con la complicidad de un espacio único, el Convento de Santo Domingo. 


Primer espacio: de la intimidad abstracta a la relajada y sonriente


Así, las obras de Gonzalo González, Luisa Urréjola y Carlos Schwartz dialogan en el primer espacio, la sala de la planta baja, sobre una suerte de abstracción de la intimidad. Las cajas blancas de Gonzalo González, llamadas "Interior" se convierten, por su ausencia de color y su perfección minimalista, en una versión serena de la intimidad, de esas pequeñas ventanas que se abren o cierran ante nuestros ojos.

En el mismo espacio, Luisa Urréjola representa un soplo de aire fresco de forma fresca y colorista. Sus pinturas de manchas planas y colores vibrantes, transparentes o traslúcidas por el uso del metacrilato como base, son un canto a la vida, al buen humor, a una intimidad relajada y sonriente.

Junto a ellas, la fotografías de Carlos Schwartz comparten un título y un poema de Benedetti, "Paisaje". Fotografías sutiles, elegantes, en las que las líneas del cuerpo femenino se confunden con un paisaje imaginario en blanco y negro, con la austeridad voluntaria de los encuadres y una belleza contenida y sugerente.

Segundo espacio: la intimidad rota por lo audiovisual


En el segundo espacio, la fragmentación y la multiplicidad de la imagen se convierten en protagonistas. El vídeo de Mónica Sardiña, "Diferimentos", revela la mirada de una artista metódica y constante. Las imágenes capturadas a través de las cámaras de vigilancia, de lugares perdidos, de edificios vacíos, son capturadas a su vez mediante internet y transformadas en parte de una obra mayor.

El juego de los espejos y de la multiplicidad, que se transforma en un políptico de dibujos y textos, tinta de rotulador sobre madera, de Adassa Santana, refleja de manera escueta y fragmentaria una realidad cotidiana a la que añade siempre la ironía.

Tercer espacio: el autorretrato como expresión de la intimidad cotidiana


En esta complicidad de las obras de arte, la imagen de los artistas se impone en el tercer y último espacio. Teresa Correa, Joaquín Artime y Carlos Matallana ocupan la última sala expositiva. En la obra de estos tres artistas sucede además algo muy interesante: el autorretrato aparece de manera tangencial o directa.

En la obra de Teresa Correa, la serie de los baños sirve como hilo conductor a la indagación acerca de la intimidad cotidiana, casi leve o banal pero llena de poesía.

En el límite de una obra pintada, fotografiada y filmada, con los restos de la intimidad lamidos en forma de azúcar, se encuentra la instalación de Joaquín Artime. El ritual purificador, una especie de lavatorio a base de azúcar, que se convierte en el vehículo de una muy íntima y personal expiación.

Junto a ellos, una serie intensa y un autorretrato frontal y múltiple: el de Carlos Matallana en sus dibujos, realizados con precisión extraordinaria, con una técnica tan depurada que supone una lección de clasicismo. Pero el sujeto no puede ser más contemporáneo.

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